El texto se estructura en base al juego de la retahíla: una vieja ingiere una mosca y luego, en forma acumulativa va ingiriendo otros animales de cada vez mayor porte, con el pragmático objetivo de anular la presencia de los anteriores. Así sucesivamente la vieja se traga: una mosca gris, una araña, un pájaro, un gato, un perro, una serpiente, una vaca y finalmente un caballo.

Hacia el final del libro el texto queda así:

“ÉRASE UNA VEZ
UNA VIEJA QUE SE TRAGÓ UNA VACA.
¿Le habrá puesto albahaca cuando se comió la vaca?

SE TRAGÓ TODA LA VACA PARA ATRAPAR LA SERPIENTE.
SE TRAGÓ LA SERPIENTE PARA ATRAPAR AL PERRO.
SE TRAGÓ TODO EL PERRO PARA ATRAPAR AL GATO.
SE TRAGÓ TODO EL GATO PARA ATRAPAR AL PÁJARO.
SE TRAGÓ AL PÁJARO PARA ATRAPAR A LA ARAÑA,
que brincaba y bailaba en sus entrañas.
SE TRAGÓ A LA ARAÑA PARA ATRAPAR A LA MOSCA GRIS.

Yo no sé por qué se tragó a la mosca así.
QUIZÁ SE VA A MORIR.”

Estos dos últimos versos se repiten a modo de estribillo una y otra vez en cada página anticipándonos un final tan esperado como contundente.

Detalles como las letras mayúsculas construidas con huesitos, el matamoscas sostenido por uno de los brazos en cruz del cadáver de la vieja y el coqueto camafeo con la mosca, acentúan ese cruce frecuente y fatal entre humor absurdo y humor negro, como en muchos autores de la literatura del absurdo.

por Marcela Carranza

 

ÉRASE UNA VEZ UNA VIEJA QUE TRAGÓ UNA MOSCA GRIS - Jeremy Holmes

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El texto se estructura en base al juego de la retahíla: una vieja ingiere una mosca y luego, en forma acumulativa va ingiriendo otros animales de cada vez mayor porte, con el pragmático objetivo de anular la presencia de los anteriores. Así sucesivamente la vieja se traga: una mosca gris, una araña, un pájaro, un gato, un perro, una serpiente, una vaca y finalmente un caballo.

Hacia el final del libro el texto queda así:

“ÉRASE UNA VEZ
UNA VIEJA QUE SE TRAGÓ UNA VACA.
¿Le habrá puesto albahaca cuando se comió la vaca?

SE TRAGÓ TODA LA VACA PARA ATRAPAR LA SERPIENTE.
SE TRAGÓ LA SERPIENTE PARA ATRAPAR AL PERRO.
SE TRAGÓ TODO EL PERRO PARA ATRAPAR AL GATO.
SE TRAGÓ TODO EL GATO PARA ATRAPAR AL PÁJARO.
SE TRAGÓ AL PÁJARO PARA ATRAPAR A LA ARAÑA,
que brincaba y bailaba en sus entrañas.
SE TRAGÓ A LA ARAÑA PARA ATRAPAR A LA MOSCA GRIS.

Yo no sé por qué se tragó a la mosca así.
QUIZÁ SE VA A MORIR.”

Estos dos últimos versos se repiten a modo de estribillo una y otra vez en cada página anticipándonos un final tan esperado como contundente.

Detalles como las letras mayúsculas construidas con huesitos, el matamoscas sostenido por uno de los brazos en cruz del cadáver de la vieja y el coqueto camafeo con la mosca, acentúan ese cruce frecuente y fatal entre humor absurdo y humor negro, como en muchos autores de la literatura del absurdo.

por Marcela Carranza